La geopolítica del silencio

España, Marruecos y el difícil arte de cooperar sin depender.

Hay fronteras que se defienden levantando la voz. Otras exigen algo bastante más difícil: saber cuándo bajarla.

Entre España y Marruecos hay apenas catorce kilómetros de mar. Una distancia que un buen nadador puede contemplar como un desafío y que, sin embargo, dos Estados llevan siglos intentando administrar. En ese pequeño espacio conviven soberanía, migración, comercio, seguridad, memoria, intereses y una considerable colección de malentendidos.

Por eso Ceuta nunca es solamente Ceuta.

Ceuta, soberanía y estrategia

Cuando aparece una crisis fronteriza, una información sensible o una sospecha sobre la actuación del vecino, la reacción inmediata consiste en exigir contundencia. Es comprensible. En política interior, levantar la voz suele producir titulares. En política exterior, puede producir consecuencias.

La pregunta interesante no es si Madrid debe ser amable o severo con Rabat. Tampoco quién gobierna hoy en España. La cuestión verdaderamente estratégica es otra: ¿qué relación con Marruecos protege mejor los intereses españoles durante los próximos veinte años?

Raymond Aron comprendió bien esta aparente contradicción. Diplomacia y estrategia no son alternativas: forman parte de la misma política exterior. Se negocia precisamente porque existen desacuerdos y porque detrás de ellos siempre permanece la posibilidad del conflicto.

España puede, por tanto, defender inequívocamente su soberanía sobre Ceuta y mantener abiertos sus canales con Rabat. Puede investigar una actuación sin convertir la investigación en ruptura. Puede exigir explicaciones sin transformar cada desacuerdo en una crisis de Estado.

Cooperar sin depender

España y Marruecos mantienen una relación profundamente interdependiente. Seguridad, cooperación policial, migración, comercio, puertos, inversiones, energía y estabilidad del Mediterráneo occidental han construido una red en la que ambos necesitan algo del otro.

Marruecos controla una geografía esencial entre Europa, el Atlántico, el Magreb y el Sahel. España dispone de algo igualmente importante: mercado, inversión, influencia europea, infraestructuras y acceso privilegiado al espacio económico comunitario.

La cuestión consiste en evitar que la interdependencia termine convirtiéndose en dependencia.

Hace más de dos milenios, Sun Tzu entendió que la mejor victoria no siempre consiste en derrotar al adversario, sino en conseguir el objetivo sin necesidad de combatir.

Traducido al siglo XXI: los Estados ya no necesitan movilizar ejércitos para ejercer presión. Una frontera, una aduana, un puerto, una inversión, un dato de inteligencia o un flujo migratorio pueden pesar más que una división de soldados.

La respuesta inteligente no consiste necesariamente en responder con la misma moneda.

Consiste en reducir la vulnerabilidad que permite utilizar esa moneda contra ti.

España necesita cooperación con Marruecos, pero también mayor autonomía fronteriza, conocimiento profundo del Magreb y del Sahel, diversificación económica y energética y una política europea mucho más ambiciosa hacia el Mediterráneo occidental.

Cooperar, sí. Depender, no.

El límite del silencio diplomático

Existe, además, un límite que ninguna Realpolitik debería atravesar. El silencio diplomático puede ser útil; el silencio institucional, no. Los jueces deben investigar, los servicios del Estado esclarecer y las instituciones controlar.

La diplomacia puede necesitar silencio. El Estado de derecho necesita verdad.

Quizá llevamos demasiado tiempo preguntándonos si Marruecos es amigo o adversario de España. Es una pregunta sentimental aplicada a un problema estratégico.

Los Estados no necesitan quererse. Necesitan conocerse.

España y Marruecos seguirán discutiendo. La geografía tiene la mala costumbre de no permitirnos elegir a los vecinos. Quizá por eso la relación necesita menos declaraciones de amor eterno y menos amenazas de divorcio. Necesita algo más difícil: cooperar sin someterse, investigar sin romper y discrepar sin convertir cada desacuerdo en una crisis histórica.

Al fin y al cabo, España y Marruecos se parecen a dos vecinos británicos que llevan años discutiendo por la valla del jardín. Pero ninguno se muda. Y los dos saben dónde guarda el otro la llave.

Abderrahim Ouadrassi
Abderrahim Ouadrassi

Abderrahim Ouadrassi es presidente de la Fundación EuroAfrica y fundador de AbdeCoach, donde ejerce como coach ejecutivo y strategic thinking partner para líderes. Su trayectoria combina desarrollo empresarial internacional, liderazgo, formación y cooperación entre Europa, África y el mundo árabe, con especial atención a las relaciones entre España y Marruecos. Desde Mallorca y Tánger impulsa iniciativas de diplomacia cultural, diálogo intercultural y conexión entre líderes, empresas e instituciones. Escribe sobre geopolítica, liderazgo, transformación y las relaciones entre las dos orillas del Mediterráneo. Fundador también de la cadena hotelera SAIFHOTELS y de la inmobiliaria RELASTATIA en Marruecos, y colaborador semanal del periódico balear Última Hora en temas de internacionalización y actualidad económica.

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