Prioridad cultural

Hay noches en las que el mundo parece haberse rendido. Las ciudades siguen encendidas, las pantallas continúan brillando y millones de dedos bajan y suben sobre un cristal frío buscando algo que ya no saben nombrar. Todo ocurre deprisa. Tan deprisa que la tristeza ya no tiene tiempo para sentarse con nosotros.

No dejemos que el absurdo gane el relato.

La mentira ya no necesita gritar. Ahora vive en lo inmediato. En el “scroll”. En esa corriente infinita donde todo dura segundos y nada permanece. Si algo no aparece en una pantalla, parece no existir. Hemos cambiado la memoria por notificaciones y la sabiduría por resúmenes escritos en tres minutos desde oficinas lejanas de Silicon Valley, donde unos jóvenes condensan siglos de pensamiento humano como si una biblioteca pudiera respirarse en un instante.

Las fotografías ya no muestran personas; muestran versiones corregidas de ellas mismas. El retoque digital ha borrado las arrugas, el cansancio y la verdad. Y quien no pasa por un filtro parece condenado a desaparecer.

También murieron las conversaciones. Antes había cafés largos, humo en invierno, discusiones interminables y risas capaces de salvar una noche. Ahora un emoticono resume una emoción y un “ok” sustituye lo que antes eran horas de vida compartida.

Quizá por eso resulta tan simbólico que se cumplan cien años del surrealismo. Aquel movimiento quiso abrir las puertas del subconsciente y rescatar la imaginación frente a un mundo cada vez más mecánico. Pero incluso los surrealistas acabaron expulsándose entre ellos. Breton desterró a Dalí y a Artaud como si toda revolución terminara construyendo su propia cárcel.

La situación recuerda al poema de Konstantinos Kavafis, “Esperando a los bárbaros”, donde una sociedad necesita enemigos externos para no enfrentarse a su propio vacío. Y quizá nosotros hacemos lo mismo. Inventamos monstruos para no mirar nuestra decadencia silenciosa.

Pero aún estamos a tiempo.

Todavía existen niños capaces de emocionarse con un libro. Todavía hay profesores que resisten, artistas que crean sin filtros y personas que siguen creyendo en una conversación sincera. La cultura no está muerta; solamente espera que volvamos a defenderla.

Llenemos otra vez las bibliotecas. Compremos libros de papel. Abramos escuelas y recuperemos el placer de pensar despacio. El verdadero contenido no vive en plataformas digitales: vive en nuestras cabezas, en nuestra memoria y en el valor de compartir ideas.

El mundo seguirá perteneciendo a quienes no acepten la ignorancia como destino. A quienes tengan el coraje de detenerse, leer y sentir en mitad del ruido.

Y mientras siga corriendo sangre por nuestras venas, todavía podremos cortar el circuito de la ignorancia y encender de nuevo la luz de la cultura.

Abderrahim Ouadrassi
Abderrahim Ouadrassi

CEO y fundador de la cadena SAIFHOTELS, que lleva la gestión de varios hoteles en Marruecos, y de la inmobiliaria RELASTATIA. Ha ejercido de colaborador semanal en el periódico balear Última Hora, sobre temas de internacionalización y actualidad económica. Actualmente es el presidente de la FUNDACIÓN EUROAFRICA, que busca integrar y facilitar los vínculos comerciales, culturales e institucionales entre los dos continentes.

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