Marruecos acaba de romper un techo de cristal

Por primera vez en su historia, Marruecos confía la dirección de su Gobierno a una mujer. Más allá de la alternancia política, cae una frontera simbólica: la de lo posible.

Hace cuatro meses lo escribí. Hoy, Marruecos lo ha hecho.

Hay textos que se escriben para comentar el presente.

Y hay otros a los que el tiempo termina alcanzando.

Hace cuatro meses escribí unas líneas sobre el lugar de las mujeres en el Marruecos que se está construyendo ante nuestros ojos. No defendía a ningún partido ni ninguna candidatura. Hablaba de una evolución mucho más profunda: la de un país en el que el mérito debía dejar, poco a poco, de tener sexo.

Hoy esas palabras adquieren una dimensión que no imaginaba tan cercana.

Este 29 de septiembre de 2026, Su Majestad el Rey Mohammed VI ha nombrado a Fatima Ezzahra El Mansouri jefa del Gobierno, después de que su partido, el Partido Autenticidad y Modernidad (PAM), quedara en primer lugar en las elecciones legislativas del 23 de septiembre, con 97 de los 395 escaños de la Cámara de Representantes.

Por primera vez en la historia del Reino, una mujer es llamada a dirigir el Gobierno marroquí.

No es un detalle.

No es simplemente una alternancia política.

Es un techo que acaba de caer.

No se trata solo de una mujer

Durante demasiado tiempo, en nuestras sociedades mediterráneas, africanas y árabes, ciertas responsabilidades se han considerado, consciente o inconscientemente, propias de los hombres.

Las mujeres podían ser médicas, profesoras, empresarias, juezas, ministras, embajadoras, policías o directivas.

Pero en algún lugar seguía existiendo una última frontera invisible.

La cima.

Hoy, Marruecos acaba de cruzar esa frontera.

Fatima Ezzahra El Mansouri se convierte en la primera mujer que dirige el Gobierno del Reino.

Este nombramiento sitúa además a Marruecos entre los pocos países del mundo árabe que han confiado la dirección del Gobierno a una mujer.

Su alcance simbólico va, por tanto, mucho más allá de Rabat.

Marruecos gana una batalla importante por la igualdad

Seamos precisos: ningún nombramiento basta por sí solo para culminar la lucha por la igualdad.

Siguen existiendo desigualdades. Siguen existiendo resistencias culturales. Quedan techos profesionales, económicos y sociales por romper.

Pero hay momentos en los que una sociedad da un paso del que resulta muy difícil volver atrás.

Hoy es uno de ellos.

Marruecos acaba de ganar una batalla fundamental: la de lo posible.

Porque, a partir de hoy, nadie podrá explicarle en serio a una niña marroquí que ciertas responsabilidades le están vedadas simplemente por ser mujer.

Ayer podía soñar con llegar.

Hoy sabe que es posible.

Y esa diferencia es inmensa.

Cuatro meses antes

Cuando publiqué aquel primer texto, algunos podían considerar esa visión demasiado optimista.

Yo simplemente observaba las señales.

La mujer marroquí ya estaba en todas partes en el Marruecos real: en la empresa, la administración, la diplomacia, la medicina, la policía, la universidad, los ayuntamientos, la sociedad civil.

La pregunta ya no era si tenía las competencias.

La verdadera pregunta era cuándo caería el último techo.

Hoy tenemos parte de la respuesta.

Y muchos discursos que hemos escuchado durante años se vuelven, de repente, mucho más difíciles de sostener.

No porque alguien los haya silenciado.

Sino porque los hechos acaban de hablar.

Un mensaje que va más allá de Marruecos

También hay que mirar esta decisión desde la otra orilla.

En un mundo en el que Marruecos busca afirmar su papel entre Europa, África, el Mediterráneo y el mundo árabe, los símbolos institucionales cuentan.

Un país no proyecta su poder solo a través de sus infraestructuras, sus puertos, sus inversiones o sus grandes acontecimientos internacionales.

También proyecta una imagen de la sociedad que quiere llegar a ser.

A pocos años del Mundial de 2030, que Marruecos organizará junto a España y Portugal, el Reino será observado como pocas veces antes.

El mundo mirará sus estadios.

Sus trenes.

Sus aeropuertos.

Sus ciudades.

Su economía.

Pero también mirará su modelo de sociedad.

Y ver a una mujer al frente del Gobierno marroquí transmite una imagen extraordinariamente potente: la de un país musulmán, árabe, africano y mediterráneo capaz de desplazar sus propias fronteras sociales.

Marruecos ofrece así un ejemplo que merece ser mirado mucho más allá de sus fronteras.

La modernidad no consiste en copiar

Quizá ahí esté la lección más interesante.

La modernidad no consiste necesariamente en convertirse en otro.

A veces consiste en tener la suficiente confianza en uno mismo para evolucionar sin renegar de lo que se es.

Marruecos no necesita elegir entre su identidad y su progreso.

Entre sus tradiciones y la ambición de sus hijas.

Entre su historia y su futuro.

Un país fuerte puede sostener ambas cosas.

Es precisamente lo que llamo interdependencia estratégica: entender que las sociedades avanzan cuando dejan de oponer artificialmente lo que, por el contrario, puede reforzarse mutuamente.

Y ahora empieza lo más difícil

Una mujer al frente del Gobierno no deberá ser juzgada con indulgencia por ser mujer.

Ni con mayor severidad por el mismo motivo.

Deberá ser juzgada por sus decisiones, sus resultados y su capacidad para responder a los enormes desafíos que esperan al próximo Gobierno: empleo, poder adquisitivo, juventud, cohesión social, inversión y preparación de 2030.

Como su partido no dispone de la mayoría absoluta, fijada en 198 escaños, formar una coalición es ya su primer desafío político.

Eso es, precisamente, la igualdad.

Dejar de preguntar si un hombre o una mujer puede gobernar.

Preguntar simplemente:

¿Gobierna bien él?
¿Gobierna bien ella?

Esta noche pienso en nuestras hijas

Hace cuatro meses terminé mi texto con una convicción:

el progreso de una nación se mide también por el lugar que concede a sus mujeres.

Hoy no retiro ni una palabra.

Pero añadiría algunas.

Marruecos no ha terminado el camino hacia la igualdad.

Ningún país lo ha terminado.

Pero hoy acaba de cruzar una frontera histórica.

Y a veces el verdadero progreso empieza exactamente así:

cae un techo,

se abre una puerta,

y toda una generación descubre que ahora puede cruzarla.

Hoy, esa puerta se ha abierto en Marruecos. 🇲🇦

Abderrahim Ouadrassi
Tangier → Mallorca
Strategic Interdependence · Europe–Africa · The Strait

Para seguir leyendo: La mujer marroquí

Abderrahim Ouadrassi
Abderrahim Ouadrassi

Abderrahim Ouadrassi es presidente de la Fundación EuroAfrica y fundador de AbdeCoach, donde ejerce como coach ejecutivo y strategic thinking partner para líderes. Su trayectoria combina desarrollo empresarial internacional, liderazgo, formación y cooperación entre Europa, África y el mundo árabe, con especial atención a las relaciones entre España y Marruecos. Desde Mallorca y Tánger impulsa iniciativas de diplomacia cultural, diálogo intercultural y conexión entre líderes, empresas e instituciones. Escribe sobre geopolítica, liderazgo, transformación y las relaciones entre las dos orillas del Mediterráneo. Fundador también de la cadena hotelera SAIFHOTELS y de la inmobiliaria RELASTATIA en Marruecos, y colaborador semanal del periódico balear Última Hora en temas de internacionalización y actualidad económica.

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